Fueron pasando los días y finalmente llegó Febrero y con él llegaron los exámenes parciales y me di cuenta que no me estaban saliendo nada mal, que podía sacar buenas notas. Pensé que tal vez el no haber estado con Mario me habría venido bien con los exámenes pero estaba cada día más y más triste y eso preocupaba a mis padres, sobre todo a mi madre que nunca me había visto estudiar con tanto ahínco ni estar tan triste, pero no me preguntó nada, pensó que era algo pasajero que ya se me pasaría y por un lado tenía razón, porque esa tristeza se iría en el mismo instante que hablase o viese a Mario.
Estaba tan absorta en los estudios y en no pensar en Mario que ni me acordé que el 24 de Enero había sido el cumpleaños de Pedro y que ni siquiera le había llamado para felicitarle, así que decidí ir a la casa de Mario para que alguien del servicio me diera su nuevo número de teléfono. Cuando iba por la mitad del camino caí en la cuenta que era viernes por la tarde y que tal vez no hubiera nadie y estuve a punto de darme la vuelta, pero me dije que no perdía nada por ir a ver. Llegué a la puerta de la verja y estaba abierta, lo que significaba que alguien había, pase y llegue hasta la puerta de entrada de la casa, llame al timbre, esperé unos instante y como no abría nadie me di la vuelta y cuando estaba llegando a la puerta de la verja oí como se abría la puerta de la casa y me llamaban.
P: ¡Lucia!
Me di la vuelta y vi a Pedro completamente mojado y con una pequeña toalla alrededor de la cintura que apenas le tapaba nada y contesté.
L: ¡Pedro!, ¡qué sorpresa!, justo a quien quería ver.
P: ¿Y eso?
L: Venía a pedir tu nuevo número de teléfono para felicitarte, con bastante retraso, por tu cumpleaños.
P: Pues ya no tienes que llamarme, aquí me tienes en carne y hueso.
P: ¿Qué?
L: No, no, no nada, ja, ja, ja
P: No entiendo nada, sigues igual, no cambiaras en la vida
L: Y ¿por qué tendría que hacerlo?, me encanta ser como soy
P: Tienes razón porque cambiar cuando uno se siente bien consigo mismo.
L: Pues eso. Bueno pues ya que estas aquí te voy a felicitar personalmente aunque sea con unos días de retraso, ¡FELICIDADES PEDRO!
P: Muchas gracias, pero si no te importa podríamos pasar dentro, aquí fuera hace bastante frío y como comprobaras no llevo mucha ropa puesta.
L: No, no me había dado cuenta, ja, ja, vale pasaré un rato.
P: Espera un momento que subo a ponerme algo más
L: Por mí no lo hagas, ja, ja, ja
P: Ya me imagino que por ti no hay problema, pero es que tengo algo de frío, ¿te importa?
L: En absoluto
P: Ahora mismo bajo
Mientras Pedro estaba arriba vistiéndose, eche un pequeño vistazo a la casa y me di cuenta que no había nadie más en ella, que solo estábamos él y yo. El servicio no estaba por lo que sus padres aún no habían venido, pero ¿por qué estaba él solo allí en mitad de los exámenes parciales? No tenía ni idea pero pensaba averiguarlo y volví al comedor justo antes de que el bajase y cuando entró en él me encontró sentada en el mismo lugar. Se acercó a mí y me dio una tarjeta con su nombre y un número de teléfono.
P: ¿No era por esto por lo que habías venido?
L: Sí, muchas gracias. Por cierto ¿qué haces aquí solo? Me he dado cuenta que no hay nadie del servicio y además estamos a mitad de los parciales.
P: Necesitaba cambiar un poco de aires y como mis padres no volverán hasta el día 12 pues me dije “qué mejor sitio que la casa de mis padres toda para mí solito” y aquí estoy, he llegado hace un rato.
L: Estupendo, y ¿cuándo te vas?
P: El 13 por la tarde. El 14 y 15 tengo mis últimos exámenes
L: Y ¿cómo te han ido los demás?
P: No me puedo quejar, no voy a sacar matrícula de honor, pero tal vez caigan unos cuantos notables y sobresalientes, ¿y tú?
L: Más o menos como tú, me quedan 2 también y ambos el día 13, uno por la mañana y otro por la tarde. Bueno creo que me voy a ir a estudiar un rato antes de cenar.
P: Muy bien, te acompaño a la puerta.
L: Pues espero verte alguno de estos días antes de que te vayas
P: ¿Qué te parece si nos vemos luego, te invito a cenar y nos vamos a tomar unas copas para celebrar mi cumpleaños?
L: Um, no sé si debería
P: ¿Qué pasa? ¿Es qué me tienes miedo?
L: No, no ¿por qué te iba tener miedo?
P: Porque te dije estas navidades que aún no te había olvidado.
L: No, que va… está bien, recógeme a las 21:00
P: Estupendo, llamaré a “Ca’Sento” ahora mismo para reservar
L: ¿”Ca’Sento”?
P: Sí ¿lo conoces?
L: He oído hablar de él, hay que ir de etiqueta y no sé si tendré algo tan elegante
P: No te preocupes, tú siempre vas estupenda
L: Muchas gracias, veré lo que puedo hacer. Hasta luego
P: Hasta luego.
Y me fui a casa degustando la información que acababa de recibir, Mario estaría de vuelta el día 12, es decir, quedaban tan solo 5 días. Nada más llegar a mi casa, subí a mi habitación y lo primero que hice fue marcar el 12 de Febrero en mi calendario y a continuación salí corriendo a comprarle un regalo a Pedro por su cumpleaños. Como no sabía que regalarle, me fui a dar una vuelta por el centro comercial que había cerca de nuestras casas y en una tienda de regalos llamada “¿Qué le regalo?” encontré un llavero-reloj de la marca Mercedes Benz y pensé que al conducir un Mercedes tal vez le gustaría y se lo compré y con él venía una miniatura de un coche de carreras que también le iba a gustar.
Volví a casa y me metí en el baño y tomé un buen baño relajante.
A continuación me arreglé para la cena con Pedro. No sé por qué, pero realmente me apetecía ir a cenar con Pedro para celebrar su cumpleaños, tenía ganas de pasármelo bien esa noche y no sé por qué también quería gustarle a Pedro y sentirme atractiva a
sus ojos y por eso me puse un vestido negro que me regaló para mi cumpleaños el último año que estuvimos juntos, porque sabía que lo iba a reconocer y que le iba a encantar y no le iba a quitar ojo de encima. Necesitaba sentirme admirada y deseada y parece que resultó.
A las nueve en punto, Pedro llamó al timbre y mi madre le abrió la puerta, a continuación me avisó de que había llegado y se pusieron a conversar mientras esperaban a que bajase. Cuando Pedro me vio bajar por las escaleras se quedó pasmado con la boca abierta y sin poder articular palabra y cuando llegué a su lado le cerré la boca, le di un suave beso en la mejilla y le dije con una gran sonrisa en los labios “buenas noches” y en ese momento reaccionó y me contestó con un “buenas noches” muy poco audible. Me ayudó a ponerme el abrigo y nos fuimos hacia su coche, que aunque no era igual que el de su padre no tenía nada que envidiarle. Era un Mercedes Benz CLK63 AMG Kicherer Racer A plateado estupendo.
Me abrió galantemente la puerta para que subiera y luego la cerró, subió al coche y nos fuimos. Por el camino me contó que le habían puesto algún problema para reservarle la mesa, que estaba todo lleno y que no había ninguna libre pero que al decir su nombre enseguida le dijeron que no había ningún problema, que tendrían preparada la mesa de siempre y que no lo entendía porque solo había estado allí cenando una vez con sus padres, entonces le pregunté si había dado su nombre o su apellido y me contestó que dio su apellido y le dije que seguramente al oír su apellido le hubieran tomado por su padre y lo mismo le conocían de ir más veces y ahí se quedó la cosa. Cuando llegamos al restaurante, nos recibió el maître y nos acompañó hasta la mesa que nos habían reservado y era justo la misma en la que había cenado anteriormente con Mario. Nos trajeron la carta y al igual que hice con Mario, dejé que Pedro eligiera por mí y pude comprobar de nuevo que tienen más o menos los mismos gustos culinarios, porque casi eligió lo mismo que Mario.
Durante la cena me estuvo contando cómo le habían ido los exámenes y que planes de futuro profesional tenía. Entre el primer y segundo plato me escapé un momento con la excusa de ir al baño y me fui a ver al maître para pedirle que con el postre llevaran una botella de champán con una rosa roja y el regalo para Pedro y pensé que tal vez tendrían tarta de cumpleaños y se lo pregunté y me dijo que iría a ver lo que podía hacer, que lo dejara en sus manos y volví a la mesa. Cuando acabamos el segundo plato, Pedro pidió la carta de postres al maître y este, sin que Pedro le viera, me guiñó un ojo e hizo una seña a uno de los camareros y a continuación apareció con una mini tarta de cumpleaños de chocolate con 2 velas encendidas, la botella de champán, la rosa y el regalo de Pedro.
Cuando Pedro vio todo se puso completamente colorado y no sabía dónde meterse de la vergüenza que estaba pasando, porque en ese momento me puse a cantarle el cumpleaños feliz y cuando los demás comensales de la sala me oyeron, también se pusieron a cantárselo y cuando acabamos no tuvo más remedio que soplar las velas al tiempo que toda la sala le aplaudía.
Cuando todo se tranquilizó cogió la rosa de la bandeja y me la ofreció dándome un cariñoso beso en la mejilla. A continuación abrió el paquete y se quedó maravillado ante el magnífico llavero-reloj y la miniatura del coche y se volvió de nuevo hacía mí, se acercó a mi oído y me dijo un dulce “muchas gracias”. En ese momento pensé que me iba a dar otro beso en la mejilla, pero me equivoqué y se fue hacia mi boca y me dio un suave beso en los labios y se me quedó mirando fijamente a los ojos. Fue tan leve y delicioso el roce de nuestros labios que me dejó como si me faltase algo y cuando se me quedo mirando a los ojos no pude resistirlo y le besé reaccionando él al instante.
Luego brindamos y nos comimos la tarta, pedimos la cuenta, pagó Pedro y finalmente nos fuimos agarrados del brazo hacia el coche. Estábamos tan animados que a ninguno de los dos nos apetecía volver a casa aún y entonces le sugerí ir a tomar una cerveza al pub al que solíamos ir cuando estábamos juntos y que estaba cerca de nuestras casas, y así, si nos pasábamos bebiendo, podíamos llegar a casa dando un paseo como habíamos hecho siempre.



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