domingo, 24 de julio de 2011

TODOS LOS CAMINOS ME LLEVAN HACIA ÉL (XIII)

Dejamos el coche en la casa de Pedro y fuimos andando hasta el pub. Se trata de un pub estilo irlandés muy grande, muy bonito y muy acogedor. Tiene cuatro zonas delimitadas; según entras esta la zona común en dónde vas a tomar una cerveza con los amigos y a comer algo; si vas a la derecha está la zona familiar, es una zona más amplia que siempre está llena de familias con niños y si vas a la izquierda está la zona de juegos, dónde está la mesa de billar, la diana y la televisión. A la derecha de la puerta de entrada hay unas escaleras que suben a la primera planta en dónde están los aseos y una zona, normalmente con la luz más baja, para las parejitas.
Cuando llegamos y entramos, la zona común estaba hasta arriba, al igual que la zona de juegos, lógico, había partido de fútbol, entonces pedimos unas cervezas y nos subimos a la primera planta, nos sentamos en una mesa y nos pusimos a hablar casi en susurros para no molestar a las parejas que allí estaban. Estuvimos recordando los estupendos momentos que habíamos pasado allí, empezando por los que pasamos con nuestros amigos tomando cervezas, jugando al billar o a los dardos o viendo los partidos de fútbol en la televisión gigante y siguiendo por los que habíamos pasado los dos solos. Como apenas nos oíamos, de lo bajito que estábamos hablando, nos fuimos juntando más y más hasta quedar cara a cara, tan cerca que casi se rozaban nuestros labios hasta que finalmente se juntaron en un larguísimo y cálido beso y a ese beso le siguió otro y otro hasta que ya no se separaron nuestros labios. Después de unos minutos besándonos sin parar, nos quedamos mirándonos a los ojos y sin decir una palabra nos levantamos, nos cogimos de la mano y nos fuimos del pub en dirección a la casa de Pedro y en todo el camino nos dijimos nada, simplemente íbamos abrazados y mirando al frente y de vez en cuando nos dábamos un beso. Cuando llegamos a la casa de Pedro, este abrió la puerta y ya no pudimos más y comenzamos a besarnos y a acariciarnos como nunca antes lo habíamos hecho. Mientras subíamos las escaleras hacia su cuarto, íbamos quitándonos la ropa, dejándola tirada por el suelo como en las películas y cuando llegamos a su habitación ya estábamos completamente desnudos. Me empujo para que cayera de espaldas encima de la cama y se acercó hasta mis piernas y comenzó a besármelas por todos lados, bajaba hasta los dedos de los pies, subía y bajaba por los muslos, se iba de una a otra y me estaba haciendo un placer increíble. Luego subió hasta mi estomago saltándose la zona púbica y comenzó a besarme igual por todo el torso, subía hasta el cuello, pasando por ambos pechos, quedándose en los pezones hasta ponerlos tan duros como una piedra, bajaba por los brazos hasta los dedos de las manos, volvía a subir y bajaba por los lados del torso. De repente me cogió las piernas y me las cruzo indicándome que me diera la vuelta y comenzó a hacer lo mismo desde el talón hasta el cuello pasando por los gemelos, los muslos, el culo, la espalda y los brazos. A continuación hizo que levantase un poco el culo y que me moviera hasta el borde de la cama y me abrió los labios de la vagina y comenzó a lamer toda la vagina lentamente, sin dejarse ningún recoveco, parándose en el clítoris y en la entrada de la vagina e introduciendo en ella la punta de la lengua. Estaba sintiendo tal placer que no pude aguantar más y me corrí mientras lamía mi clítoris y fue tan intenso que me hizo estremecer todo el cuerpo. A continuación hizo que me pusiera a cuatro patas, como los perritos, justo en el borde de la cama, se puso de pie detrás de mí, cogió su erecta verga, la acercó a mi húmedo coño y empezó a acariciarme con el prepucio por toda la vagina, haciendo círculos en el clítoris y luego como si me estuviera penetrando. Me estaba llevando de nuevo al borde del orgasmo, pero aguanté y a continuación llevo su polla hasta la entrada de mi vagina y empezó a penetrarme muy lentamente, como temiendo hacerme daño. Empezó introduciendo y sacando solo la punta, para seguidamente introducirla toda ella muy, muy lentamente. Iba notando cada centímetro de su polla dentro de mí y noté como llegó hasta el fondo y entonces me dijo que moviera el culo como si estuviera haciendo círculos y de repente la sacó y volvió a introducirla con un rápido movimiento, una y otra y otra vez para luego seguir lentamente, centímetro a centímetro. Estuvimos unos minutos así, cambiando constantemente el ritmo de la penetración. Luego, como estaba al borde de la cama, hizo que pusiese lo pies en el suelo y que me incorporase un poco hasta quedar casi de pie y siguió follándome al mismo tiempo que me cogía los pechos y me los acariciaba y me besaba por todo el cuello. Dejó de acariciarme y besarme y me cogió de las caderas para poder follarme más rápido y más duramente y con ello consiguió que ambos llegásemos al orgasmo al mismo tiempo. 
Caímos desfallecidos sobre la cama, casi nos quedamos dormidos, pero el deseo fue más fuerte y al instante tenía ganas de más y más, entonces le hice ponerse boca arriba y le llevé hasta el borde de la cama con los pies en el suelo, me puse encima de él y empecé a besarle en los labios muy dulcemente y luego me fue hacia una oreja y combinaba los besos con los mordisquitos y seguía por la otra, volvía a besarle en la boca e iba bajando por el cuello hasta su pecho para quedarme en sus pezones y allí empezar a mordisquearlos. Pedro no dejaba de jadear de placer solo con el roce de mis labios, así que cuando empecé a mordérselos me dijo que parase porque no podía aguantarlo, que era la primera vez que experimentaba tanto placer en esa zona. Dejé los pezones de lado y seguí dándole pequeños mordiscos a lo largo de todo su abdomen hasta que llegué a su entrepierna, pero en vez de seguir con su polla, me la salté y me fui hacia sus piernas y me puse a acariciarlas muy suavemente con las yemas de los dedos bajando hasta los dedos de los pies pasando por las rodillas y el empeine y subiendo por los gemelos y las corvas hasta el comienzo del culo y haciéndole saltar de gusto. 
Con todo esto conseguí que su increíble verga se pusiera de nuevo en posición eréctil y así poder trabajar un poco con ella, así que me encaminé hacia ella con la boca bien abierta y lo primero que hice fue engullirla hasta el fondo, llegando hasta casi la garganta. Fue una suerte que Pedro fuera algo metrosexual porque al tener afeitado el vello púbico hacia más grata la felación. Seguí con mi tarea de lamer su polla y me centré en el prepucio, lamiéndole muy suavemente con la punta de mi lengua por todos lados, sin dejarme un milímetro sin chupar, bajé por el tronco hasta llegar a los testículos y me los introduje en la boca saboreándolos bien para luego subir por el otro lado hasta llegar de nuevo a la punta. A continuación me la metí entera en la boca y comencé a masturbarle subiendo y bajando hasta llegar al límite en el que parecía que se iba a correr y en ese instante me incorporé y me puse en cuchillas justo encima de su polla y comencé a bajar mi coño hasta llegar a la punta e introducírmela dentro. Estuve unos instantes metiendo y sacando la puntita hasta que ya no pude más y necesité metérmela toda entera y notarla dentro de mí, así que baje completamente y me senté justo encima con su enorme verga dentro y comencé a hacer círculos con mi coño y hacia un movimiento de sube y baja desde el fondo hasta la puntita. 
En esa posición no aguanté mucho y cuando noté que me flaqueaban las fuerzas me senté a horcajadas sobre él y me quedé quieta para que él empezase a moverse y follarme sin parar. De vez en cuando me la sacaba y la ponía entre los labios de mi coño y me acariciaba el clítoris con ella para seguidamente volver a introducírmela hasta el fondo. 
Unos minutos después me hizo bajarme y me puso boca arriba en la cama, me levantó las piernas dejando mi coño al aire para poder verlo bien y se puso a comérmelo sin dejar ningún hueco a salvo y después se puso de rodillas y comenzó a penetrarme muy lentamente al principio para ir aumentando la velocidad hasta hacerme llegar casi al orgasmo y parar justo en el instante preciso en que me iba a correr y seguir de nuevo muy lentamente y aumentar de nuevo la velocidad y hacerme llegar de nuevo al punto en el que no hay marcha atrás y entonces le dije que no parase, que siguiese con el ritmo que tenía hasta hacerme correr, y siguió así y me hizo correr y a continuación se corrió él. Se quedó echado encima de mí con su verga dentro de mí y notaba como salía su semen y llenaba con él mi vagina. Le dije que se bajase y entonces hizo ademán de irse a quitar el condón y fue en ese instante cuando se dio cuenta que no habíamos usado preservativo. Se llevó las manos a la cabeza, me miró fijamente y me pidió perdón diciéndome que se había dejado llevar por el momento y no se había dado cuenta de ponérselo. En ese momento empecé a sonreír y me miro con cara extrañada, no entendía porque sonreía si me acababa de decir que no se había puesto condón y le dije que no hacía falta, que ya llevaba yo protección para el embarazo y que si hubiera hecho falta para otra cosa me lo habría dicho antes de empezar y me contestó que no hacía falta para otra cosa y entonces se relajó y se tumbó a mi lado en la cama y nos abrazamos y nos quedamos dormidos hasta que a la mañana siguiente me despertó el ruido de la puerta. 
Como me desperté con un hambre canina pensé en bajar a la cocina para comer algo, pero como solo tenía mi vestido de noche y no podía bajar en ropa interior, ya que no era mi casa, busqué algo que ponerme encima y encontré la camisa del pijama de Pedro. Me puse la camisa y me encaminé hacia la cocina. Mientras bajaba oí ruido en la cocina y creí que se trataba del servicio, pero cuál fue mi sorpresa al entrar en la cocina y ver a Blanca y Mario en ella. Me quedé de piedra al ver a Blanca sentada a la mesa de la cocina con un café en la mano y a Mario de pie detrás de ella preparando unas tostadas.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

 
;