viernes, 25 de febrero de 2011

TODOS LOS CAMINOS ME LLEVAN HACIA ÉL (XI)

Me imaginaba una y otra vez el momento en el que estuviéramos juntos cuando volviera de Estados Unidos. Sería algo especial, habrían pasado muchos días sin vernos y me lo imaginaba como la primera vez, una cena en un buen restaurante y luego mucha pasión a solas en la habitación de un hotel o, porque no, en la clínica, me daba igual dónde fuese siempre y cuando él estuviera conmigo. Me lo imaginaba sentado en la cama con unos pantalones negros y una camisa blanca abierta completamente mostrándome su pecho y dejándome ver la matita de bello que le crecía entre los pezones, justo en el centro del pecho, de su musculado pecho. Me encantaba acariciarle por todo el cuerpo siguiendo la curvatura de sus músculos.


Allí estaba él, sentado en la cama y yo de pie frente a él. Habíamos puesto un poco de música y en esos instantes sonaba la canción de George Michael “Careless whispers” y siguiendo el ritmo lento de la música comencé a moverme y a desnudarme al mismo tiempo.
Llevaba un vestido blanco de tirantes y empecé dándome la vuelta para desabrochármelo muy lentamente, luego me volví y seguí bajándome los tirantes poco a poco, primero uno y luego el otro y me sujeté el vestido con las manos presionándolo contra mis pechos y notando a través de él como mis pezones se estaban poniendo más y más duros por momentos. A continuación lo soltaba y caía al suelo quedándome frente a él tan solo con un pequeño tanga blanco totalmente empapado por la excitación que tenía. Me acercaba a la cama y me subía a ella y me ponía justo delante de él dejándole mi sexo a escasos centímetros de sus ojos para que pudiera verlo y olerlo bien. Entonces entraba él en acción acariciándome los pies al mismo tiempo que con su lengua tocaba el tanga, subía con sus manos por mis piernas hasta llegar al pubis y volvía a bajar a los pies. Nunca me habían acariciado así y estaba sintiendo un inmenso placer solo con las caricias que hacía que se me doblasen las rodillas.
Subió de nuevo hasta el pubis y me bajo el tanga poco a poco mientras lamía el bello púbico. Una vez me había quitado el pequeño tanga blanco me abrió con sus dedos la vulva para dejar a la vista el pequeño clítoris tan colorado, tieso y húmedo que estaba diciendo a voces “cómeme” y sin pensárselo dos veces se puso a lamerlo con la punta de la lengua, arriba y abajo, a la derecha y a la izquierda, haciendo círculos, de todas las maneras posibles y con dos dedos de una mano se dirigió a la entrada de la vagina y comenzó a meterlos y sacarlos muy lentamente y muy poco al principio para continuar metiéndolos más y más, y más y más rápido y al mismo tiempo aumentado la velocidad de los lametones en el clítoris. Me estaba llevando al límite y aguanté todo lo que pude, hasta que noté que me iba a correr y le pedí que no parase, que siguiese follándome con los dedos todo lo rápido y profundo que pudiera y que cambiase la lengua por uno de sus dedos y que me hiciera círculos alrededor del clítoris y al poquito de hacerlo empecé a notar como estaba llegando al orgasmo, era como si estuviera subiendo una montaña y no pudiese descansar hasta que llegase al final pero ese final no parecía llegar hasta que finalmente comencé a temblar de arriba abajo y llegue a la cima y me corrí teniendo un inmenso orgasmo, tan fuerte que me hizo perder la fuerza y el equilibrio y caí encima de Mario.
Necesitaba recobrar el aliento y Mario me ayudo dándome besos en la boca y por toda la cara al mismo tiempo que me tocaba el pelo. Cuando noté que me volvían las fuerzas me puse a besarle muy lentamente en los labios mientras que le desabrochaba los pantalones y le abría completamente la camisa y seguía con los besos por toda la cara, yendo de una oreja a la otra y bajando por el cuello hasta un hombro y de ahí al otro y luego hasta el pecho, hasta el lugar dónde tenía la pequeña mata de pelo que tanto me gustaba y al mismo tiempo con los dedos de las manos jugaba con sus pezones hasta ponérselos duros y cuando lo conseguía me ponía darle mordisquitos que le hacían jadear de placer. A continuación seguía bajando por su tripa hasta llegar a sus bóxers. Una vez allí Mario me ayudaba a quitarle los pantalones y se los bajaba por las piernas mientras que con la lengua le iba haciendo el mismo recorrido, por una pierna al bajar y por la otra al subir y llegar de nuevo a sus bóxers y sin bajárselos tocar su erecto miembro y sus hinchados testículos y luego bajarle un poco el bóxer y dejar al aire el capullo y con la lengua darle pequeños toquecitos y saborear el jugo que empezaba a salir de él. Mientras Mario se quitaba los bóxers yo volvía hasta su boca a por los besos que su boca tenía siempre preparados y que me sabían a gloria.
En ese momento ya estábamos los dos completamente desnudos y volví a las andadas y me fui de nuevo hasta su verga y me la metí toda entera en la boca y comencé a hacerle una mamada, le lamía con la lengua, le chupaba con los labios, le mordisqueaba con los dientes hasta que ya no pude más,
Necesitaba meterme ese tremendo trozo de carne dentro de mí, así que me levante y me puse a horcajadas sobre él y fui bajando poco a poco dándole besos en la boca hasta que llegue a la punta de su polla, la lleve hasta la entrada de mi vagina y seguí bajando, introduciéndomela lentamente, sintiendo como entraba dentro de mi cada milímetro de ella hasta que no aguante más y baje todo hasta llegar al fondo de mí y en ese momento ambos gritamos de placer. Me quedé unos instantes en esa posición, saboreando el momento y haciendo círculos con el culo y luego comencé a subir y bajar muy despacio para luego ir cambiando el ritmo según me iba diciendo Mario, primero deprisa, luego despacio, haciendo círculos y cuando la tenía completamente dentro apretaba todo lo que podía con los músculos de mi vagina y le hacía gritar de placer. Llego un momento en el que los dos estábamos preparados para corrernos y fue cuando me quedé quieta y le deje que llevase el ritmo de la penetración, pero no podía seguirle, estaba tan desbordaba por el placer que le dije que no le iba a poder esperar y que me iba a correr ya y sin poder esperarle ni una pizca me corrí pero él siguió moviéndose hasta que finalmente también se corrió y noté como latía su polla dentro de mí y al mismo tiempo salía el semen de ella.
Nos quedamos un ratito en esa posición, abrazados el uno al otro hasta que finalmente nos separábamos y nos quedábamos dormidos en mi sueño, pero al mismo tiempo me quedaba dormida en mi cama hasta que a la mañana siguiente me levantaba feliz como unas castañuelas como si todo hubiera sido verdad aunque al momento volvía a la realidad y me daba cuenta que todo había sido un sueño y que llevaba mucho tiempo sin saber nada de Mario y no sabía cuánto tiempo faltaba para poder volver a verle.

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