Por fin llegó la hora mágica del final y comienzo del año, esa noche en la que se piden todos los deseos para el nuevo año y en la cual se olvidan todos los malos momentos y se recuerdan todos los buenos.
Había oído que si en el brindis de las campanadas de Nochevieja ponías el anillo que tu amado te había regalado dentro de la copa y brindabas con tu amado y te la bebías hasta el final ibas a tener un año pleno de alegría y felicidad junto a él.
Como yo quería pasar mucho tiempo con él, sin que nadie me viera hacerlo, me quité el anillo de los delfines que me había regalado Mario hacía unos días, lo metí en la copa y brindé con él, luego vacié por completo la copa y, para que nadie se diera cuenta que allí se encontraba el anillo, acabé con él dentro de mi boca, me lo saqué muy discretamente, lo limpié y me lo volví a poner.
Nada más brindar comenzó, como yo lo llamo, el desfile de besos y felicitaciones, es decir, que pasas por todos los invitados de la fiesta dándoles dos besos y felicitándoles el Nuevo Año. Lógicamente empecé por mis padres y luego seguí por los demás invitados hasta llegar a Blanca y Mario y finalmente acabar con Pedro, el cual, en vez de darme dos besos como todo el mundo, me cogió con ambas manos por la cabeza, se acercó a mi boca y me dio un tremendo beso en los labios que duró una eternidad y cuando nos separamos estaba tan sorprendida que no supe reaccionar de otra forma y le devolví el beso mientras todo el mundo no nos quitaba la vista de encima. Cuando nos volvimos a separar miré instintivamente a Mario y por la cara que puso no le debió de gustar nada lo que había visto y se fue de la sala.
Paso un buen rato antes de que le volviera a ver y esta vez parecía más contento, se acercó hasta mí y me dijo que quería hablar conmigo, que saliéramos un momento al jardín.
Salimos al jardín y como estaba nevando nos fuimos a una parte que estaba algo escondida y resguardada y nada más llegar allí me abrazó y me dio un beso en los labios al que rápidamente correspondí. Cuando nos separamos me dijo:
M: Has sido muy mala, me ha dolido mucho lo que has hecho.
L: Pero si yo no he sido, ha sido Pedro, me ha cogido desprevenida, no me lo esperaba, y que querías que hiciera, montar una escena porque un amigo me da un beso para celebrar el Año Nuevo.
M: Sí tienes razón, no sé lo que me ha pasado por la cabeza, luego me he dado cuenta de lo que ha pasado, pero solo con verte en brazos de otro, aunque ese otro sea mi hijo, me ha vuelto loco de celos y me he tenido que ir.
L: Y menudo cabreo que llevabas.
M: Sí eran celos, pero ya se me ha pasado y solo quiero estar contigo, acabar la noche contigo.
L: Y ¿cómo lo vamos a hacer? no podemos desaparecer así como así, eres el anfitrión.
M: Ya sé que no podemos irnos toda la noche, pero podemos escaparnos un ratito, no nos echaran de menos, y he pensado que podíamos ir a la caseta de la piscina, esa en la que os escondíais Pedro y tú para daros el lote sin que Blanca y yo os viéramos.
L: ¿Lo sabías?
M: Lo sabíamos desde el primer día que lo hicisteis pero no quisimos deciros nada, porque ahí por lo menos os teníamos vigilados, ja, ja, ja.
L: ¡Pero qué malo eres!
M: Bueno ¿qué me dices? ¿Te apetece pasar un rato agradable? Allí no pasaremos frío porque están los motores de la depuradora.
Y en vez de contestarle le di un beso en la boca, a continuación le cogí de la mano y le llevé hasta la caseta de la piscina. Una vez allí no perdimos el tiempo y nos quitamos lo más rápidamente que pudimos la ropa mientras nos besábamos y una vez completamente desnudos, extendimos en el suelo unas colchonetas que quitamos de unas hamacas y nos tumbamos en ellas.
Nos tumbamos y nos quedamos abrazados y besándonos por un momento y luego noté como una mano se deslizaba por mi espalda hasta llegar a mi culo y bajaba por mi pierna, se quedaba allí unos segundos acariciándola y luego subía por el muslo, pasando por el pubis y la tripa hasta llegar a uno de mis pechos y se entretenía en acariciar los sensibles pezones muy suavemente hasta llegar a ponerlos tan duros y tan tiesos como el asta de un toro para luego volver a bajar hasta el pubis y llegar hasta la abertura de mi vulva e introducir dos dedos para comprobar el estado de humedad en el que se encontraba y al notar que estaba muy húmeda, buscó el clítoris y se puso a acariciarle haciendo círculos a su alrededor para hacerme gozar de tal forma que no pude por más que morderle en una oreja para no soltar un grito del placer que me estaba produciendo.
A continuación me puso de espaldas, se subió sobre mi culo como si se subiera a un caballo y comenzó a acariciarme por toda la espalda, subiendo hasta el cuello, bajando hasta el culo, subiendo por los costados, pasando por los brazos hasta las manos y vuelta atrás y volver a subir al cuello.
Era increíble lo que estaba sintiendo, no hacía más que pegar botes de placer. Me habían dado con anterioridad masajes en la espalda, pero nunca antes me lo habían dado así y de repente quito las manos y comenzó a hacer el mismo recorrido pero con besitos y luego con la lengua, hasta que llego al culo, me abrió las piernas y me separo los cachetes para alcanzar el ano y chuparlo todo alrededor y acabar introduciendo la lengua en él.
Había leído y oído cosas sobre el placer del sexo anal, pero nunca lo había experimentado y en ese momento era tal el placer que estaba sintiendo con su lengua entrando y saliendo de mi ano, que lo único que deseaba era que me penetrara y se lo dije, pero me contestó que no era el momento porque al ser virgen por ahí, me iba a doler demasiado y no me iba a gustar, que necesitaba un poco más de preparación y también de lubricante y que entonces sí que me gustaría, pero Mario no paró y me puso a cuatro patas de tal forma que al ponerse él de rodillas le quedaba mi sexo a la altura de su pene, pero en vez de introducirlo en mi vagina, continuo lamiéndome el ano e introduciéndome la lengua para luego cambiarla por un dedo e introducirlo poco a poco con movimientos muy lentos para continuar más deprisa e introducir otro dedo mientras que con la otra mano había alcanzado mi vagina y me había introducido otros dos dedos y me estaba follando por ambos lados al mismo tiempo.
Era increíble, no podía apenas respirar, no hacía más que jadear y jadear de gusto hasta que no pude más y llegue al orgasmo, un orgasmo tan fuerte que me dejo sin fuerzas y caí desplomada sobre las colchonetas.
Sin dejarme tomar apenas aliento, me dio la vuelta y empezó a besarme por todo el cuerpo, desde la boca hasta el pubis pasando por los pechos y estomago y quedándose en la vulva e introducir la lengua buscando el clítoris para lamerle igual que a un helado para continuar abriéndome las piernas y al mismo tiempo los labios de mi sexo y seguir lamiéndome hasta llegar a la entrada de la vagina. De repente dejó de lamerle la vagina para volver a mis labios y saborear conmigo los jugos que había emanado mi vagina y al mismo tiempo llevar su enorme y empalmada verga hasta la entrada de mi vagina e introducirla de golpe hasta lo más profundo de mi ser y volver a sacarla para volver a meterla de nuevo hasta el fondo y seguir así con un ritmo muy suave haciéndome disfrutar de cada centímetro que entraba y salía.
En la cara de Mario se notaba que estaba disfrutando de lo lindo y yo ya había tenido varios orgasmos seguidos cuando me dijo que no podía más y que iba a eyacular y me pregunto si quería que lo hiciese dentro de mí o que si quería probar sus jugos al igual que él había probado los míos y sin pensármelo dos veces le dije que sí y saco su mojada verga de mi húmeda vagina y me dijo que se la chupara para así llegar al orgasmo y correrse en mi boca.
Cuando lo hizo el semen comenzó a salir de su capullo en pequeños chorros y comenzó a llenarme la boca con él y como era la primera vez que lo hacía y no sabía qué hacer, sin pensármelo dos veces me lo tragué y lo saboree.
Siempre había pensado que sería asqueroso, pero tenía un cierto sabor salado y era algo viscoso pero no era desagradable, sino más bien excitante.
Cuando acabó de salir el semen me fui directa a su boca para compartirlo con él, como él había hecho antes conmigo y nos fundimos en un beso y caímos rendidos en las colchonetas y así, abrazados, estuvimos un rato hasta que empezamos a notar frío.





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