jueves, 24 de febrero de 2011

TODOS LOS CAMINOS ME LLEVAN HACIA ÉL (IX)

Nos vestimos, pero como habíamos sudado tanto no podíamos volver a la fiesta así, así que sin que nadie nos oyese nos introdujimos en la casa por el sótano y nos fuimos a un baño que había en él y allí había una gran bañera, la llenamos de agua caliente y nos metimos los dos juntos en ella para lavarnos un poco pero el agua caliente en vez de tranquilizarnos y relajarnos, lo que hizo fue excitarnos más y acabamos haciendo de nuevo el amor. 
Esta vez fue Mario el que se puso debajo y yo me subí encima de él dándole la espalda y nada más subirme introduje su erecta polla hasta el fondo de mi vagina y allí la dejé, saboreando el momento mientras apretaba con los músculos de mi vagina su polla y le hacía llegar al borde del orgasmo pero sin dejarle llegar hasta él. Luego comencé a moverme arriba y abajo, relajando los músculos al bajar y contrayéndolos al subir. Era un placer inexplicable el que sentía en ese momento, pero quería más y más y entonces me quedé quieta y dejé que fuera Mario el que pusiera el ritmo mientras yo comencé a masturbarme tocándome el clítoris y cuando ya no pude aguantar más le dije que acelerase para poder tener el mayor orgasmo que había tenido hasta entonces, porque los orgasmos que había tenido habían sido o vaginales mientras hacía el amor, o con el clítoris mediante la masturbación, pero nunca por ambos lados y sabía que iba a estallar un volcán en el momento de llegar a él y justo cuando llegué no pude aguantar y di un grito de placer y Mario instintivamente, como pudo, me tapo la boca con las manos mientras él se corría dentro de mí.
Nos quedamos dentro de la bañera, con el agua aun caliente, abrazados sin decirnos nada, solo disfrutando del momento, hasta que creímos oír un ruido, pero fue una falsa alarma, nadie había bajado, pero por si acaso, como no sabíamos el tiempo que había transcurrido desde que nos habíamos escabullido, nos secamos y nos vestimos y subimos a la planta principal sin hacer ruido, primero yo y unos minutos más tarde Mario y durante el resto de la velada no nos quitamos el ojo de encima pero no nos dirigimos la palabra sin terceras personas de por medio. 
Eran casi las 4 de la madrugada y no sabía qué hacer porque por una parte me quería ir a mi casa a descansar porque estaba agotada después del buen rato que había pasado con Mario, pero por otra parte me quería quedar para seguir disfrutando de su compañía. En esto que empezó a sonar la canción “Tiempo de Vals” de Chayanne y vi como Pedro, al que no había visto desde que me había besado después de las campanadas, se acercaba hacia mí y: 
P: ¿Me permite este baile, mademoiselle? 
L: Con mucho gusto, monsieur 
Y nos pusimos a bailar en medio de las miradas de todos los presentes incluido Mario, pero esta vez no estaba enfadado, al contrario, parecía alegrarse de verme bailando con Pedro. 
L: No te visto en toda la noche, ¿dónde has estado? 
P: Por aquí, por allá, por todos lados, por toda la casa. 
L: No es cierto, no has estado en la casa 
P: Tienes razón, he tenido que salir un rato, tenía que felicitarle el Año Nuevo en persona a alguien 
L: ¿Alguien que conozco? Bueno, no tienes que contestarme, no es de mi incumbencia 
P: No, no me importa decírtelo, no la conoces, es una compañera de la facultad que tuvo, antes de acabar las clases, un accidente bastante grave en el laboratorio y está ingresada en el Hospital General y esta mañana la prometí que iría personalmente a felicitarla el Año Nuevo y así he hecho y he tardado más de lo que pensaba porque nos hemos juntado unos cuantos compañeros y cuando se han cansado las enfermeras del ruido que estábamos armando, nos han echado y nos hemos ido a tomar algo a un garito y luego me he venido para acá con una sola idea en la cabeza. 
L: ¿Sí? P: Sí 
L: ¿Con cuál? 
P: Con la de bailar contigo esta canción 
L: Pues ya lo has conseguido, así que dejemos de hablar y bailemos el vals. 
 

A partir de las 3 de la madrugada fueron marchándose los invitados y justo cuando acabo el vals se iban los últimos. 
Cuando acabó la música, Pedro se acercó y me dio un cariñoso beso en la mejilla dándome las gracias por el baile y vimos como se acercaban nuestros padres, nos sentamos junto al fuego de la chimenea y nos pusimos a recordar cosas de años anteriores y continuamos así hasta bien entrada la madrugada. Sobre las 6 de la mañana mis padres decidieron irse a casa y yo me iba a ir con ellos pero Pedro me pidió que me quedase un poco más porque tenía algo que decirme y acepté, por eso y cómo estaba nevando muchísimo Mario decidió llevarles en coche a casa y Blanca se fue a dormir. 
Entonces nos quedamos solos y nos acomodamos en unos almohadones junto a la chimenea como tantas veces antes habíamos hecho y: 
L: ¿Tan importante es eso qué me tienes que decir qué no puede esperar a mañana? 
P: Sí y no, lo que pasa es que quería pasar un rato más en tu compañía. 
L: ¿Cómo qué sí y no? Explícate porque no te entiendo 
P: Puede que a ti no te parezca importante pero para mí sí que lo es 
L: Cuéntame 
P: Simplemente quería decirte “lo siento” y… 
Metiéndose una mano en el bolsillo interior de su chaqueta 
P: …darte esto. 
Totalmente sorprendida por no saber a que se refería y sin saber que decir cogí el paquetito que me ofrecía y lo abrí y dentro había un par de pendientes con forma de estrella de mar y… 
L: Muchas gracias, pero no sé a qué viene esto. 
P: Los pendientes son tu regalo de cumpleaños, un poco tarde ya lo sé, pero como siempre se ha dicho “más vale tarde que nunca”. 
L: Muchas gracias de nuevo, pero no tenías que haberte molestado 
P: No ha sido una molestia, lo he hecho encantado 
L: ¿Y el “lo siento”? 
P: El “lo siento” es por no haberte llamado al menos ese día 
L: No tienes porque disculparte, sinceramente no esperaba que me llamases después de casi un año sin saber nada de ti. 
P: Pero es que quería, realmente quería llamarte pero no pude. 
L: Como te he dicho no tienes porque disculparte. 
P: Lucia, de verdad que quise llamarte, lo que paso es que ese día fue cuando paso lo de la explosión del laboratorio en la que casi muere mi compañera y me pase con mis compañeros todo el día y toda la noche en el hospital hasta que nos dijeron que estaba fuera de peligro. 
L: Lo siento, no sabía nada. 
P: Ni tenías porque saberlo, por eso no te llamé y por eso quería dártelo ahora 
L: No pensaba aceptarlo pero voy a hacerlo y… 
Me acerqué a su boca y le di un suave beso en los labios 
L: Sinceramente, muchas gracias 
Y seguimos abrazados, mirando al fuego sin decir nada más y nos quedamos dormidos. 
Cuando llegó Mario de casa de mis padres nos encontró así, dormidos y abrazados, y se nos quedó mirando sin decir nada durante unos minutos y a continuación se fue a dormir.

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