jueves, 27 de enero de 2011

TODOS LOS CAMINOS ME LLEVAN HACIA ÉL (VI)

Eran más de las 12 de la noche cuando entramos en el hotel y Mario fue a recepción a por la llave de la habitación. Cuando la tuvo nos metimos en el ascensor y no pude aguantar más y me tiré a su cuello y empezamos a besarnos fogosamente y a quitarnos los abrigos. Continué desabrochándole la camisa y él subiéndome el vestido buscando algo más, pero enseguida tuvimos que parar porque habíamos llegado a nuestro piso, el 6º. Recogimos los abrigos del suelo y salimos del ascensor para dirigirnos a nuestra habitación, la nº 69. 
Llegamos a la puerta y le cojo la tarjeta para abrir yo, pero antes de hacerlo le miro a los ojos y le digo: 
L: ¿No quieres pensártelo de nuevo? 
M: Ya está todo bien pensado 
L: ¿De verdad? aún estas a tiempo de echarte para atrás, piensa en tu mujer. 
M: La quiero y no quiero perderla, pero me he dado cuenta que a ti también te quiero y tampoco quiero perderte. 
L: ¿Estas completamente seguro de lo que vas a hacer? 
M: Sí, ¿por qué lo dices? 
L: Porque ya no hay marcha atrás, esto ha sido preparado con premeditación y alevosía, no fue algo que surgió como la otra vez, es decir, que esto sí que está considerado como una infidelidad en toda regla. 
M: Yo estoy completamente seguro de lo que quiero, pero ¿y tú? 
Y en ese momento me mojo los labios con la lengua poniendo cara de deseo y él sin decir nada me coge la tarjeta de la mano y abre la puerta dejándome pasar y pasando él después y al ir yo a cerrar la puerta me empuja contra ella y empieza a besarme y acariciarme por todo el cuerpo y empieza a quitarme la ropa. 
Luego yo le voy quitando la camisa y desabrochándole los pantalones y entonces saco fuerzas para darle la vuelta y ponerle a él de espaldas contra la puerta y empiezo a besarle y acariciarle la cabeza, cuello, bajando por el pecho hasta llegar a sus genitales y comienzo a hacerle una buena mamada con la que empiezan a fallarle las piernas y a jadear de placer. En ese momento me hace subir para seguir besándome y me da la vuelta y es ahora él el que me hace a mí disfrutar y ¡cómo! 
Después de esto nos vamos a la cama, ya completamente desnudos y me pongo encima de él y comienzo a juguetear con su polla y mi coño mientras le beso y le hago disfrutar al máximo. 
Mario me hace parar un momento y me dice que es el momento de que se ponga el preservativo, que no quiere que pase nada. Me quito de encima y se va hacia su chaqueta y de la cartera saca un condón que se pone en un instante y vuelve a la cama conmigo y vuelvo a subirme encima de él y sigo con lo que estaba haciendo. Intercalo el juego con la penetración y nos ponemos a cien. 
A continuación se pone él arriba y le dejo hacer y lo hace a las mil maravillas, me lleva al éxtasis, no es de extrañar tiene ya algo de experiencia en esto. Durante un rato sigue el intercambio de besos, caricias y penetración y al final nos corremos juntos cuando ya no podemos más. Acabamos los dos tumbados en la cama boca arriba, extasiados, con la respiración entrecortada y el corazón a mil por hora. Entonces Mario se queda dormido del sobreesfuerzo que ha hecho y yo me le quedo mirando, observándole dormir. 
Cuando se despierta lo hace sobresaltado como si no supiera donde estaba pero cuando me ve se relaja y me pregunta cuánto ha dormido y se disculpa por haberse dormido después de hacer el amor. 
Le digo una pequeña mentira y le contesto que solo ha dormido unos 15 minutos cuando ha sido casi una hora, pero no me ha importado porque así he aprovechado para contemplarle bien y dejarlo todo grabado en mi cabeza por si no se vuelve a repetir. 
Nos ponemos a hablar de cosas dispares, a gastarnos bromas, a juguetear y acabamos cayéndonos de la cama y nos quedamos tumbados en el suelo riéndonos sin parar. 
Nos metemos de nuevo en la cama y nos quedamos mirándonos a los ojos en silencio hasta que a Mario le puede el sueño y se queda de nuevo dormido. Aprovecho ese momento y me voy a dar una ducha. 
Entro en el baño, abro el grifo de la ducha, espero a que salga a la temperatura adecuada y me meto dentro. 
Noto como me cae el agua sobre la cabeza y va bajando por todo mi joven cuerpo, un cuerpo por el que muchos suspiran pero que solo pertenece a una persona, a mi amante, a mi amor, a Mario. 
Cierro los ojos y me pongo a recordar lo que ha pasado en la última semana, en mis dos noches con Mario. La primera el día de mi cumpleaños, el día que Mario me dijo por primera vez “te quiero” y por primera vez me hizo suya, algo que soñaba todas las noches y que pensaba que nunca iba a ocurrir, pero ocurrió. 
Después de esa noche pensé que no iba a estar con Mario de nuevo, que esa noche había sido un lapsus en su vida de casado y que no iba a ocurrir nunca más, pero me equivoqué ya que en esos momentos estaba en la ducha de una habitación del Meliá Palace y acababa de hacer el amor con él. Seguí con los ojos cerrados disfrutando de la ducha y pensando que sería maravilloso hacer el amor allí mismo. 
Me imagino a Mario junto a mí besándome por la espalda hasta llegar al cuello y al mismo tiempo acariciándome los pechos y bajando hasta llegar al pubis. Solo de pensarlo me estaba poniendo a 100 por hora, y comencé a tocarme imaginándome que era Mario el que lo hacía y comencé a dar gemidos a causa del placer que estaba experimentando. Me estaba excitando tanto que debí hacer ruido y despertar a Mario. Al oírme se fue hacia el baño y me vio acariciándome con los ojos cerrados, se metió en la ducha y comenzó a acariciarme y al notar sus manos sobre mí me asusté y pegué un pequeño grito que él ahogó con uno de sus maravillosos besos. Seguimos un momento más besándonos bajo el agua y Mario comienza a tocarme el pelo y baja por el cuello hasta los hombros y luego continua por la espalda hasta que llega al culo y lo coge con ambas manos y me lo aprieta y me pega aún más contra su cuerpo al mismo tiempo que me da mordisquitos en el cuello y sin querer sale de mi boca un pequeño grito de placer que Mario vuelve a ahogar con un beso. 
Me da la vuelta, me apoya contra la pared y me empieza a besar por el cuello, baja por la espalda hasta llegar al culo, me vuelve a girar y me abre aún más las piernas. Se va directo al pubis y se pone a lamerlo y sigue hacia abajo en busca de mi “concha” y se encuentra con los labios. En ese punto estoy casi a punto del orgasmo, las piernas se me doblan al quedarse sin fuerzas a causa de la excitación y el placer que estaba experimentando. Se abre camino a través de los labios para llegar hasta el clítoris y una vez que lo alcanza lo lame bien por todos los lados y luego sigue por la entrada de la vagina por la que introduce la punta de la lengua y en ese momento no puedo más y noto como si estallase algo dentro de mí y tengo el mayor orgasmo de mi vida que me produce una pérdida total de la fuerza en mis piernas y me caigo pero Mario me coge a tiempo y no llego al suelo. 
A causa de la caída mi cara queda justo a la altura de su miembro, totalmente erecto y me pongo a chupárselo como si fuera un chupa-chus, lamiéndole solamente el capullo y luego dándole pequeños mordiscos que hacen a Mario gemir de placer. A continuación me lo meto en la boca y cierro los labios y comienzo a hacerle una buena “paja” y Mario acompaña el movimiento con pequeñas envestidas que van aumentando de ritmo y dejo de moverme y le dejo hacer hasta que llega un momento en el que no puede más y está a punto de correrse, pero antes de hacerlo saca su pene de mi boca, sale de la ducha, va a la habitación y veo que vuelve con un preservativo puesto, me abraza y me besa, me apoya contra la pared y me sube en brazos, quedando mi coño a la altura de la punta de su polla y poco a poco me va penetrando hasta que la introduce completamente dentro y la noto en lo más profundo de mi ser. El placer que noto en ese momento es tan intenso que no puedo por más que dar un grito de placer al mismo tiempo que empieza a sacar y meter su pene dentro de mí, al principio despacio y luego más rápido hasta que, sin poder controlarlo, llegamos los dos al orgasmo y al separarnos nos sentamos en el suelo de la ducha apoyados uno contra el otro mirando cómo nos cae el agua encima. 
Cuando recobramos el aliento nos acabamos de duchar bien, nos secamos y nos metemos en la cama los dos abrazados y nos quedamos completamente dormidos. 
A la mañana siguiente cuando me despierto noto que estoy sola en la cama y me pongo a buscarle con la mirada por toda la habitación y no le encuentro. Me levanto y voy a ver si esta en el baño pero allí tampoco esta y cuando vuelvo a la cama cabizbaja veo en la mesilla un capullo de rosa blanca al lado de algo de dinero y un trozo de papel doblado que dice: 
“Cariño, siento dejarte sola pero no tengo más remedio que ir a trabajar, hoy no es fiesta y la clínica abre. Puedes quedarte hasta las 12:00 y si quieres te pueden subir el desayuno a la habitación. Te dejo algo de dinero para que llames a un taxi para volver a tu casa. Muchas gracias por la noche tan increíble que me has hecho pasar y que no olvidare en la vida. Te espero en mi casa la noche de Nochevieja para celebrar la entrada del Nuevo Año. Te quiero. Mario” 
Cojo la rosa y me tumbo en la cama, la huelo y me pongo a pensar en la noche tan estupenda que había pasado junto a Mario y entonces noto como un vacío en el estomago y me decido a llamar al servicio de habitaciones para que me suban un buen desayuno con el que recuperar las energías gastadas durante esa noche.

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