Empecé segundo de oftalmología y seguíamos viéndonos en las reuniones.
Todo parecía igual pero no era así, notaba diferente a Mario cuando nos quedábamos solos tomando algo o cuando me ayudaba con algún trabajo para la facultad, pero lo deje correr.
Yo me sentía muy bien a su lado, me bastaba con verle 2 ó 3 días a la semana.
Notaba como el corazón se me aceleraba cuando estaba a su lado o cuando simplemente hablaba con él por teléfono para quedar para ayudarme con un trabajo.
Pasaban los días y notaba raro a Mario, notaba que estaba incomodo a mi lado, pero no me rehuía ni me ponía excusas para no vernos, ni siquiera faltaba a las reuniones.
Sabía que le pasaba algo conmigo pero no estaba segura de lo que era hasta que llegó Diciembre y con él mi cumpleaños.
El 17 de Diciembre cumplí 19 años y ese año cayó en martes y como cada martes y jueves fui a la reunión de lectura, y como cada martes y jueves Mario estaba allí, esperándome en la entrada, sonriendo.
La verdad era que cada vez que le veía me parecía más atractivo y me entraban unas increíbles ganas de tirarme a sus brazos y besarle esos apetitosos labios y decirle al oído "tómame, soy toda tuya", pero tenía que controlarme porque sabía que mi amor no era correspondido.
Cuando llegué a su altura, lo primero que hizo fue darme dos besos y desearme un "FELIZ CUMPLEAÑOS" al mismo tiempo que me entregaba un capullo de rosa roja precioso. Me quede muy sorprendida cuando me dio la rosa, no me esperaba ese detalle, no de él.
Se acercó a mi oído y...
Se acercó a mi oído y...
M: Después de la reunión tengo algo que decirte, ¿te importa que vayamos a otro sitio a tomar algo?
L: En absoluto y muchas gracias por la rosa, me ha gustado mucho.
Durante la reunión noté que ese día era él el que no se enteraba de nada, el que no me quitaba ojo de encima y me parecía muy raro, ¿qué me tendría que decir?, ¿por qué teníamos que ir a otro sitio?, bueno en una hora lo sabría.
Al acabar la reunión subimos en su coche y me dijo que si no me importaba, quería celebrar mi cumpleaños invitándome a cenar y como yo estaba tan a gusto y con tantas ganas por estar con él a solas que no me negué.
En esos momentos no pensaba que era Mario, el padre de Pedro, sino que era mi pareja, la persona a la que amaba y que iba a pasar una agradable velada con él.
Me llevó a un restaurante muy elegante, nos sentamos en una mesa en un rincón y pidió por los dos.
Durante la cena hablamos de cosas sin importancia, como la facultad, la clínica, etc., pero al llegar al postre noté que se ponía algo más serio y...
M: ¿Recuerdas hace unos meses que me dijiste que te habías enamorado de mí?
L: Sí, y te dije que te iba a olvidar, pero no he podido, lo siento, ¿es qué he hecho algo que te haya incomodado?
M: No, no, al contrario, no te has insinuado, ni me has provocado, has sido tú, como siempre, no has dejado al descubierto en ningún momento tus sentimientos hacia mí.
L: ¿Entonces?, ¿qué ocurre?
M: Pues resulta que esa indiferencia para conmigo en el tema sentimental ha tenido el efecto contrario.
L: No entiendo lo que quieres decir.
M: Pues que me he enamorado de ti como un colegial, no puedo sacarte de mi cabeza.
L: Ya decía yo que te notaba raro últimamente, así que era eso, yo ocultando mis sentimientos hacia ti y resulta que te has enamorado de mí.
M: Sí, eso es.
L: ¿Y qué has decidido?
M: Pues la verdad es que lo he pensado mucho y no lo tengo muy claro.
L: Vamos, me has invitado a cenar en un restaurante lujoso el día de mi cumpleaños y me dices que no lo tienes claro, no me lo creo.
M: Te estoy diciendo la verdad. Por una parte quiero ir más allá, olvidarme de todo y de todos y tenerte en mis brazos y besarte y poseerte y...
L: Eso me gusta como suena.
M: Pero por otra parte me doy cuenta de la realidad, te doblo la edad, estoy casado, has estado saliendo con mi hijo y...
L: ¿Y...?
M: Tengo miedo por si nos descubren, por si no estoy a tu altura. No sé qué esperas de mí, ni hasta dónde quieres llegar. Ni siquiera me he planteado la idea de dejar a mi mujer, a la que sigo queriendo.
L: Ni nadie te lo ha pedido. Puedes tener miedo por si nos descubren, claro está, es un riesgo que hay que correr, pero no puedes tener miedo por no estar a mi altura, mides más o menos lo que yo.
M: No me refería a esa altura.
L: Ja, ja, ja, ya lo sé.
M: Mira que eres mala
L: En cuanto a lo que espero de ti y hasta dónde quiero llegar, no lo sé, espero todo lo que tú quieras darme y quiero llegar hasta dónde decidamos. Mira me estas planteando preguntas que son muy difíciles de contestar porque no he pensado nunca en que pudiera tener una relación sentimental contigo porque la veía inviable. Al estar casado y ser el padre de Pedro te veía inalcanzable, entonces si va a haber algo entre nosotros dos vamos a tener que ir descubriéndolo poco a poco juntos.
M: Para mí es algo nuevo, nunca he tenido una amante.
L: ¿Y qué piensas?, ¿qué me he liado con muchos hombres casados?
M: No claro, es una tontería lo que he dicho. Entonces, ¿cómo lo vamos a hacer?, ¿dónde nos vamos a ver?
L: Pues es un poco difícil, porque en tu casa no puede ser y en la mía tampoco.
M: No claro.
L: Pues solo nos queda el coche, como a la gente de mi edad y que ambos tenemos, o un hotel, como a la gente de tú edad y a lo que yo puedo aportar poco porque aún no tengo trabajo y no se lo puedo estar pidiendo a mis padres.
M: No claro.
L: Entonces, ¿qué sugieres?
M: Pues..., espera, creo que tengo la solución.
L: Dime
M: Estaba pensando que se nos había olvidado mi clínica.
L: Es verdad tu clínica, pero ¿a qué hora cierran?, porque no me gustaría que me vieran merodear mucho por allí ahora que no estoy con Pedro.
M: Pues cerramos a las 20:00, 20:30 como mucho. Si quieres podemos pasar a comprobarlo después de cenar.
L: No es mala idea, me podías hacer una revisión de la vista ya que la noto un poco cansada.
M: Una revisión sí que te hacía yo, pero no de la vista, sino de arriba-abajo.
M: Una revisión sí que te hacía yo, pero no de la vista, sino de arriba-abajo.
L: Eso es lo que estoy deseando.
Me miró a los ojos y me dio un beso en los labios.
Fue nuestro primer beso y me supo delicioso, fue muy dulce, húmedo, muy suave y delicado.
Fue diferente a los que me habían dado otros chicos, incluyendo a Pedro.
Me recorrió un escalofrío de arriba abajo, desde los labios hasta la punta de los dedos de los pies y de nuevo hacia los labios. Nunca había sentido nada igual.
Acabamos de cenar y decidimos ir a la clínica de Mario a pasar un rato agradable.
Me miró a los ojos y me dio un beso en los labios.
Fue nuestro primer beso y me supo delicioso, fue muy dulce, húmedo, muy suave y delicado.
Fue diferente a los que me habían dado otros chicos, incluyendo a Pedro.
Me recorrió un escalofrío de arriba abajo, desde los labios hasta la punta de los dedos de los pies y de nuevo hacia los labios. Nunca había sentido nada igual.
Acabamos de cenar y decidimos ir a la clínica de Mario a pasar un rato agradable.




0 comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.