jueves, 27 de enero de 2011

TODOS LOS CAMINOS ME LLEVAN HACIA ÉL (V)

Decidí no llamar enseguida para darles la contestación, sino esperar al día siguiente para intentar coger a Mario solo y poder hablar con él tranquilamente un rato, pero no hizo falta esperar tanto, alrededor de las 20:00 sonó el móvil y resultó ser Mario.
 L: ¿Sí? 
M: Hola Lucia, ¿estas muy ocupada? 
L: Hola Mario, pues no, estaba leyendo un libro en mi cama 
M: ¡Umm! ¿Y estás tú solita? 
L: Sí
M: ¿Qué llevas puesto? 
L: Una batita de raso, ¿qué está pasando por tu cabeza? 
M: Estaba pensando en saltar los setos y escalar por el canalón hasta llegar a tu terraza, entrar en tu habitación, acercarme hasta tu cama, quitarte la batita, empezar a besarte, a acariciarte por todo el cuerpo y terminar haciéndote el amor muy suavemente. 
Mientras me iba hablando me levanté de la cama y me acerque a la puerta que daba a mi terraza, abrí un poco las cortinas y vi a Mario en la calle justo enfrente de mí. 
L: ¿Todo eso me harías? 
M: Sí 
L: Y ¿por qué no lo haces? 
M: ¿Te apetece? 
L: Muchísimo 
M: Pues entonces aceptaras lo que venía a proponerte 
L: ¿Qué es? 
M: Quería invitarte a cenar y luego a... 
L: ¿Y tu mujer? ¿Dónde está Blanca? 
M: Esta durmiendo, se sentía algo mal y estaba cansada por la fiesta de anoche y se ha metido en la cama y cómo no me apetecía cenar solo he pensado que tal vez te gustaría venir conmigo y así celebrábamos juntos la Navidad. 
L: No es mala idea, me apetece cenar contigo y luego pasar un buen rato a solas. Veo que vas muy trajeado, ¿dónde vamos a ir? 
M: Acabo de reservar mesa para dos en “Ca’Sento” 
L: ¿En “Ca’Sento”?, ¿llevas algo rojo? 
M: Sí 
L: Ya sé que ponerme entonces, pero tendrás que esperar un poquito mientras me arreglo. 
M: No te preocupes, te espero dentro del coche. 
Colgué el móvil y saqué el vestido que tenía en mente del armario. Me metí en la ducha, me vestí, me maquillé y me peiné en un tiempo record. Cogí el abrigo y bajé descalza por las escaleras para que mis padres no me viesen y no me atosigasen con preguntas que no podía contestar. 
Cerré la puerta sin hacer ruido, me puse las sandalias y me encaminé hacia el coche de Mario, un Mercedes-Benz SLR Roadster McLaren Brabus negro y rojo. 
Me subí en el coche y le di un beso a Mario, arrancó y nos pusimos en camino hacia el restaurante. 
M: Estas preciosa. 
L: Muchas gracias. Tú estás muy elegante pero no veo que lleves nada rojo. 
M: Sí que lo llevo, mira bien. 
L: No veo que lleves nada rojo puesto. 
M: Yo no lo llevo puesto, lo lleva el coche. 
L: ¡Ah! te refieres a la tapicería del coche. Te crees muy gracioso. 
M: No te enfades, ha sido una pequeña bromita 
L: Sí no me enfado, pero no me gusta que me engañen 
M: Vale, si quieres me puedo poner una corbata roja que llevo en el maletero 
L: ¿Harías eso por mí? 
M: Eso y lo que haga falta para hacerte feliz 
L: De momento me conformo con estar a tu lado o verte de vez en cuando 
M: ¿De momento? 
L: Sí, en un futuro no sé si necesitaré algo más 
M: Pero yo no sé si podré darte más, no me he planteado dejar a Blanca, aún la quiero. 
L: Ni yo te lo he pedido 
M: Pero como has dicho “de momento” 
L: Eso es el futuro y no sabremos qué pasará, preocupémonos del presente que es lo que nos interesa y pasemos una velada estupenda. 
M: Tienes razón, preocupémonos por el aquí y ahora, lo que tenga que venir, vendrá 
Unos minutos más tarde llegamos al restaurante, nos sentamos a la mesa que nos habían reservado en un rincón de la sala, apartada de miradas indiscretas y Mario pidió por los dos: ostras con lima y granizado de manzana para mí y ensalada de percebes con agua de tomate valenciano para éll; bogavante asado con tomate confitado y vinagreta de su coral para mí y ventresca de atún con jugo de pimientos asados y jengibre para él y caviar iraní con huevo, mantequilla y jamón para amboss; torrijas caramelizadas con helado de leche y Sorbete de grapa para mí y mousse de chocolate blanco con crema de café para él. 
Cenamos muy tranquilamente hablando de todo un poco y contando anécdotas de otras Navidades y cuando nos trajeron el postre sacó un paquetito de su chaqueta y… 
M: Esta tarde con Blanca te he dado un regalo por tu cumpleaños. 
L: Sí y me ha encantado. Como puedes ver la llevo puesta. 
M: Sí ya me he dado cuenta pero ese regalo ha sido de parte de los dos, ahora quería darte el mío, toma, FELIZ CUMPLEAÑOS LUCIA. 
L: Gracias de nuevo, pero no tenías que haberlo hecho. El otro día ya me hiciste el mejor regalo que podías haberme hecho. 
M: Sí, un capullo de rosa, vaya regalo para una chica tan estupenda como tú que me está haciendo el hombre más feliz del mundo. 
L: No, no fue solo la rosa, sino la noche que pasamos juntos, nunca hubiera imaginado que podría pasar y pasó. 
M: Y espero que ocurra más veces. 
L: Yo también 
M: Pero bueno ahora abre este por favor. 
Cojo el paquetito, quito el papel y veo una cajita de color rojo. Al ver la cajita me imaginé que serían unos pendientes pero cuál fue mi sorpresa al abrirla y ver dentro un anillo con tres delfines, cada uno de un color. 
L: ¡Ohh Mario, es precioso! 
M: ¿Te gusta? 
L: Me encanta 
M: Déjame que te lo ponga a ver si he acertado en el tamaño. Sí, es un anillo perfecto en una mano perfecta. 
L: No digas esas cosas, por favor. El anillo es perfecto pero no yo.
M: Para mí lo eres, no digas lo contrario y déjame que te de un beso 
L: Pero pueden vernos o ¿es qué no te importa? 
M: Sí que me importa, pero no pueden vernos en este rincón.
Nos besamos largamente, acabamos el postre, pagó Mario y salimos a la calle. 
M: ¿Te apetece que demos un paseo? 
L: Sí, ¿por qué no? no hace mucho frío. 
Mario se acercó al aparcacoches, le dijo algo y le dio una propina. 
Empezamos a andar y me agarré del brazo de Mario. Era muy feliz, me sentía como si fuera encima de una nube. Era Navidad e iba agarrada del brazo de Mario como si se tratase de dos enamorados cualesquiera, aunque nosotros no éramos dos enamorados cualesquiera sino que éramos amantes y él me doblaba la edad, era amigo de mis padres, vecino y padre de mi ex-novio. 
Seguimos andando sin hablar dirigirnos la palabra, solamente disfrutando del momento. Nos mirábamos a los ojos y de vez en cuando nos besábamos y después de un rato andando nos paramos delante de un hotel, no un hotel cualquiera, sino el Hotel Meliá Valencia Palace, un hotel de 5 estrellas. 
L: ¿Damos ya la vuelta? 
Y mientras le hacia la pregunta vi al aparcacoches del restaurante pasar con el coche de Mario, dejarlo delante de la puerta del hotel y cogerlo un aparcacoches del hotel. 
Miré a Mario y: 
L: ¿Qué hace ese aparcacoches con tu coche? 
M: Pues me imagino que llevarlo al aparcamiento 
L: ¿Del hotel? 
M: Sí 
L: ¿Por alguna razón en especial? 
M: Sí, me gustaría pasar esta noche contigo 
L: ¿En el Meliá Palace? 
M: Sí ¿no te gusta? 
L: Sí, es ideal pero… 
M: ¿Pero qué? 
L: Nada, es que no estoy acostumbrada a estos lujos, el Mercedes, la cena en Ca’Sento, una habitación en el Meliá Palace. Parece que estoy soñando y si es así no quiero despertarme. 
M: No es ningún sueño, todo es real, quiero todo lo mejor para ti y mientras pueda te lo daré.

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